Bóvedas de acero – Isaac Asimov

La novela que hoy me ocupa forma parte de lo que se dio en llamar Ciclo de los robots, también conocido como Ciclo de la Tierra. En este caso es, según el orden que establecen los entendidos, la segunda de la serie. En mi caso, prefiero pensar que es la primera, pues igual que los críticos no incluyen en la serie El hombre del Bicentenario, yo no creo que Yo, robot deba formar parte de la misma, pues esta última no es una novela como tal, sino una colección de relatos referentes a los robots.

Lo primero que me llamó la atención al comenzar a leerla es que no aparecen al frente del libro las tres leyes de la robótica, leyes que rigen a los robots con cerebro positrónico y que nadie se ha atrevido a contradecir, si se exceptúa la novela Sueñan los robots con ovejas eléctricas. Es posible que se trate de una errata del libro electrónico. Sin embargo, en la novela sí que se habla, al menos, de la primera ley (aquella que dice que un robot no puede causar daño a un ser humano). Pero vamos a lo que interesa…

La Humanidad está dividida entre los descendientes de aquellos que decidieron emigrar de la Tierra a otros planetas debido a excesivo aumento de población (espaciales) y los herederos de los que decidieron quedarse (terráqueos). Estos últimos, viven en enormes ciudades cubiertas por gigantescas bóvedas de acero que les protegen del exterior. Su vida está masificada y deshumanizada al máximo, pues están socialmente divididos en niveles poco permeables entre sí y que les dan acceso a ventajas no solamente en cuanto a comodidades, sino incluso de alimentación. Entre ellos está Elijah Baley, policía de nivel C5, y su familia. Los espaciales, como en el caso de las actuales Alemania y la Unión Europea, han impuesto su poder económico sobre los terráqueos y mantienen una pequeña colonia cercana a Nueva York, llamada Espaciópolis. Una de las cosas que han impuesto a los terráqueos es el uso de robots, algo que a estos últimos no les agrada, por no decir que les disgusta. Por ello, entre los terráqueos existen grupúsculos más o menos organizados que intentan luchar contra los robots y que preconizan la vuelta de los seres humanos a sus momentos de gloria en que vivían sin robots y con unos medios de producción más o menos “prehistóricos”. En realidad, añoran una sociedad que se parece mucho a nuestra sociedad actual. Estos terráqueos se conocen con el nombre de históricos.

La novela arranca con la petición del jefe de policía a Baley de que se haga cargo de la investigación del asesinato de un científico espacial famoso, intentando evitar por todos los medios que esta muerte produzca un altercado con los espaciales que les haga imponer medidas más fuertes para los terráqueos. Para ello, le asignan un espacial como compañero: R. Daneel Olivaw. Obviamente, la R. del nombre es porque Daneel es un robot. Pero no es cualquier clase de robot. Es un robot que perfectamente podría pasar por humano.

Bajo la apariencia de una novela negra de ambiente futurista, Asimov nos plantea problemas que ya en su tiempo (la novela es de finales de los años 50 del siglo pasado) eran acuciantes para el ser humano, como el caso de la superpoblación y la necesidad de tener un reparto de los recursos más equitativo. Pero ninguna de las soluciones que nos plantea es, a mi modo de ver, satisfactoria. Por un lado, los terráqueos lo único que han conseguido es aislarse del medio ambiente y añorar un planeta que la Humanidad misma se ha encargado de destrozar. Pero los espaciales no han tenido mejor suerte. Están distribuidos a lo largo de la galaxia, pero sometidos a un férreo control de la natalidad evitando el excesivo aumento de la población, son incapaces de seguir adelante. Es decir, como el propio profesor Fastolfe, científico espacial, le dice a Baley, la solución pasa por ayudarse mutuamente. Y ahí es donde puede radicar el motivo del asesinato investigado… Y hasta ahí puedo leer, que si no me acusan de hacer spoiler.

En resumen, una novela muy interesante, aunque a veces un poco pesada, y que comienza el ciclo de los robots, cronológicamente primero de los ciclos que darán lugar a la Fundación y su propio ciclo. Mi nota: 7,5.

Isaac Asimov

Para la lectura he utilizado un libro electrónico de libre disposición.

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