Cuarto día en Berlín: Una burbuja de cristal en medio del Tiergarten

El siguiente día, sábado, iba a ser un día muy intenso. Yo ya había concertado la entrada en el Bundestag a través de su página web (http://www.bundestag.de/) para ese día a las 10:00 de la mañana, así que tuvimos que levantarnos pronto. El viaje hasta allí lo hicimos en metro (U-Bahn), aunque se podía hacer fácilmente a pie. El Bundestag está situado a la derecha de la Puerta de Brandenburgo según se mira a 17. Juni Allee, dentro del Tiergarten.

La boca de metro está situada a un lado de una gran explanada toda de hierba, al fondo de la cual está el imponente edificio del Reichstag. No hay que confundir Reichstag con Bundestag. Me explico. El Bundestag es el actual parlamento de la República Federal Alemana (BDR) y es un conjunto de edificios en el que el centro es, lógicamente, el edificio en que está la cámara parlamentaria. Este edificio es lo que antes era el Reichstag, quemado y debastado, como todo el mundo sabe, por los nazis el 27 de febrero de 1933. Sobre el antiguo edificio del Reichstag está la famosa cúpula de cristal. Aquí podéis ver una foto del imponente edificio, en la que se puede apreciar la cúpula de cristal en su centro:

Os podéis imaginar que la seguridad en el edificio es brutal… Lo sería en cualquier país, pero en Alemania es aún más, por su propia forma de pensar. De lo que uno se da cuenta también es que en cuanto a su organización política, los alemanes se parecen mucho a los estadounidenses. Es decir, ellos piensan que su República (Bundesrepublik) es la mejor organización política posible y están orgullosísimos de ella. Me dio la sensación que para ellos visitar el Bundestag y poder sentarse en el parlamento era algo así como la visita a la Meca de los árabes… No sé si me explico.

Bueno, como decía, la organización es estupenda y en cuestión de unos cinco minutos estábamos en el ascensor que lleva desde la planta de entrada a la azotea en la que está la cúpula de cristal. Lo bueno del asunto es que se puede recorrer toda la extensión de la misma a través de una camino que no se hace demasiado pesado de caminar y por el que una grabación te va explicando poco a poco las características de la construcción, a la vez que te va comentando lo que puedes ir viendo de Berlín. La verdad es que es un lujo el poder disfrutar de este estupendo paseo por la cúpula de cristal del Reichstag, viendo Berlín en toda su extensión. Lo que más me llamó la atención de todo es que la propia cúpula es la que ofrece la energía necesaria a todo el edificio por medio de los paneles fotovoltáicos que están en su centro y que, como los girasoles, van buscando el sol todo el día. Por eso, le tiré esta foto, que sin darme cuenta, es la típica foto de la cúpula de cristal del Reichtstag:

En la plataforma que haría de base de la semiesfera de la cúpula hay una exposición con fotografías de la historia del Reichstag, en la que no se olvida ningún detalle, incluidos los momentos escabrosos de la historia alemana entre 1933 y 1945. Esta visita es una de las cosas más interesantes que uno puede hacer en Berlín (bueno, una entre miles, claro) y que os recomiendo que nunca os perdáis. Ahora bien, debéis planificar bien el viaje y pedir el acceso a través de la página web de arriba para poder entrar, ¿OK?

Una vez terminada la visita, nuestros planes eran coger el U-Bahn para, haciendo transbordo en Postdammer Platz (entre otras), ir hasta el Museo de la Bauhaus, situado en el barrio al final de la Kurfürstendammstraße. Pero, mirando un mapa del Tiergarten vimos otra posibilidad a través de él, pasando por el monumento a los caídos rusos en la II Guerra Mundial, y decidimos ir por él.

Después de andar por el Tiergarten un corto espacio de tiempo, llegamos al monumento a los soldados rusos que liberaron Berlín en la II Guerra Mundial. No hay que olvidar que aún estamos en la antigua parte de Berlín correspondiente a la DDR, con lo que uno se puede imaginar que este es un monumento imponente. Este monumento está en una de las aceras de la 17. Juni Straße, que tiene dos carriles de circulación para cada sentido y una divisoria en el medio, por lo que os podéis imaginar que es bastante ancha. Bueno, pues el monumento es tan grande que, aun tirando la foto desde la acera opuesta y con la mayor amplitud de campo que da mi cámara, fui incapaz de sacarle una foto completa. Esta es la foto más ancha que conseguí sacarle, pero es que, a ambos lados de la foto todavía faltarían sendos carros de combate, que no pueden salir en la foto:

Después de esto, seguimos atravesando hasta llegar a Potsdammer Platz. Hoy en día, es un nudo de comunicaciones tan importante como Alexanderplatz. Sin embargo, la plaza quedó dividida por la construcción del muro y durante ese tiempo quedó abandonada. En ella, todavía se conserva un trozo de muro, de obligada visita cuando uno está en Berlín. Ese trozo de muro tiene miles de chicles pegados en él, no sé por queé razón. Aquí podéis vernos en ese trocito de muro:

En Potsdammer Platz cogimos el U-Bahn para dirigirnos a la estación de Nollendorfplatz usando la línea U2. Allí, después de dar alguna que otra vuelta y preguntar varias veces, conseguimos dar con el Archivo de la Bauhaus. La Bauhaus es una corriente artística que surgió alrededor de la época de la República de Weimar y que entendía que el arte se refería a cualquier aspecto de la vida y que se basaba en el diseño. De hecho, muchos de sus diseños originales son hoy en día objetos cotidianos, como por ejemplo las lamparitas de escritorio y las sillas “en el aire”. Podéis conocer más sobre la Bauhaus en Wikepedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Bauhaus) y en la propia página web del Archivo de la Bauhaus (http://www.bauhaus-archiv.de), aunque esta página está sólo en inglés o alemán. La Bauhaus también era una escuela de arquitectura e incluso su propio edificio es un diseño vanguardista. Esta es una vista de ese edificio:

En el museo de la Bauhaus hay cosas verdaderamente interesantes, no sólo en cuanto a diseño se refiere, sino sobre arquitectura, e incluso sobre teoría del arte en general. Una de las cosas que más me llamó la atención fue la teoría de los colores que mantenía Kandinsky, uno de los miembros de dicho movimiento.

En el restaurante del Archivo de la Bauhaus comimos. Aquí me gustaría comentar una anécdota. Los alemanes beben el agua mineral siempre con gas, lo que ellos llaman Mineralwasser mit Kohlensäure. Sin embargo, a mi mujer no le gusta, prefiriendo el agua sin gas, como en España, que ellos llaman stilles Wasser Mineralwasser ohne Kohlensäure. Por mucho que le dijimos al camarero tanto en alemán como en inglés que queríamos agua mineral sin gas, el camarero se empecinaba en que el agua no tenía gas (cosa que saltaba a la vista sí que tenía). Total, que cuando terminé por decirle que a mi mujer NO le gustaba porque estaba agria (todo esto en mi pobre alemán de 2º de Básico de la EOI), él terminó diciéndome que entonces eso era lo que quería (en alemán, sauer significa ácido o agrio). Total, no nos entendimos y el agua, al final, me la bebí yo…

Desde allí volvimos a tomar el metro para dirigirnos a Hallesches Tor por la U1 para llegar al Museo Judío. El Museo Judío está constituído por dos edificios. El primero de ellos es un edificio de corte clásico (primeros del siglo XX, supongo) y es el que da entrada al Museo. El otro tiene como planta una media estella de David y es de corte modernista. Dentro del Museo se pueden ver testimonios de toda clase, desde cómo es la vida de las mujeres en el mundo judío, hasta como es su religión. Lo más destacable, y escalofriante a la vez, es la parte dedicada al Holocasto Nazi en la que se pueden ver testimonios gráficos de la persecución y progroms que sufrieron los judíos (no sólo en Alemania y Austria, si no en otros países de corte “germanófilo”). También se pueden ver objetos que pertenecieron a judíos masacrados en la II Guerra Mundial. El Museo Judío es algo que tampoco se puede dejar de ver cuando uno va a Berlín. Aquí os muestro una foto de la parte modernista del edificio:

Al salir del Museo Judío, vimos señales que nos indicaban que Friedrichstraße y el famoso Checkpoint Charlie estaba a unos 1.000 metros y decidimos acercarnos a pie hasta allí. Al fin y al cabo, siempre podríamos tomar un autobús de vuelta al hotel. Cuando llegamos allí pudimos constatar que la antigua frontera entre el Este y el Oeste de Berlín era un punto tan concurrido como la Puerta de Brandenburgo. Ahora bien, ver un McDonnal’s al lado del Checkpoint Charlie no es una de las ideas que tiene uno cuando visita Berlín, ¿verdad? En la misma calle de Friedrichstraße está marcado por donde transcurría el propio muro de Berlín. Aquí os dejo una foto un poco peculiar, con el típico taxi berlinés (no sé porqué todos tienden a ser Mercedes), en la que podéis observar lo que he dicho sobre McDonnal’s y el Checkpoint Charlie. ¿A que parece un poco peculiar?

Después de brujulear por los alrededores del Checkpoint Charlie, decidimos marchar para nuestro hotel, cansados por el día tan ajetreado que habíamos tenido.

Espero que no os perdáis la siguiente etapa de este apasionante viaje por Berlín: Mühlenstraße.

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