Los organillos – Henri-François Rey

Cuando menos, esta novela es extraña. Y lo digo porque es lo que creo que se puede decir de una novela cuyo protagonista desaparece de la misma 100 páginas antes que acabe, dejándonos sólo con su sombra y la impresión que ha causado en los personajes de la misma. Esta situación es, cuando menos, un tanto incómoda para el lector, que piensa que no ha sido invitado a esa parte de la novela.

La novela comienza con Vincent, afamado crítico de arte, bajando en su flamante descapotable hacia un pueblo español de la costa catalana de finales de los 60, llamado Caldeya. Allí encontrará una pequeña sociedad de decadentes franceses de clase media. A partir de aquí, la novela parece una película de Trufaut. La novela sigue dos acciones paralelas. Por un lado, la de Vincent y sus amigos, personas mayores y que están disfrutando del mes de vacaciones en España, o, como en el caso de Vincent, tratando de curar alguna herida del alma. Por otro lado, tenemos a los hijos de estas personas mayores, encabezadas por Serge, Nadine y Daniel, que sufren, sobre todo, por lo que sus padres están haciendo.

La novela no sería más que una burda copia de una película francesa de los 60 si no fuera por la irrupción de dos personajes en ella. En primer lugar, la Gloria, vieja medio bruja y que se encarga de cuidar la casa de Vincent. La Gloria tuvo una turbulenta historia de amor con un pintor español, ahora afincado en Francia y famoso: Pinero. Este pinto reaparece en el pueblo después de muchos años y, justo antes que vaya a ver a su gran amor, la Gloria, esta muere. Esta muerte es el punto a partir del cual la novela cambia. Vincent sufre una profunda crisis nerviosa y termina volviendo a Francia; Pinero vuelve a poder pintar…

Pero, en medio de todo esto, hay dos personajes que son el hilo central de la novela. Se trata de Jenny y Régnier. Jenny tiene un bar en Caldeya, centro de reunión de todos los extranjeros. Régnier es la figura del típico escritor afamado y terminado, buscando incesantemente inspiración en el alcohol y las mujeres (caso excesivamente explotado por Harold Robbins, por ejemplo). Lo que une a estos dos personajes con la trama central es que Jenny se termina enamoriscando de Vincent y Régnier es el padre de Daniel, que a su vez impresiona a Vincent por su inteligencia y es amigo de Jenny. Precisamente, Régnier, para mí trasunto del propio autor, es en quien se fija la novela en su última parte. Y esa parte es la mejor de toda la novela, pues contiene una interesante reflexión sobre el proceso creativo en la literatura.

En fin, se trata de una novela con dos partes bien diferenciadas. La primera, cuyo protagonista es Vincent, nos retrata la decandente sociedad francesa de los años 60 disfrutando de sus vacaciones anuales. La segunda, y más sustanciosa, cuyo protagonista es Régnier, nos habla sobre el proceso creativo literario.

Una buena novela que, según me ha parecido ver, ha permanecido olvidada desde los años 60, o fue un producto literario menor, éxito de un día de un autor que después desapareció en la sombra, como si de un personaje de Carlos Ruiz Zafón se tratara.

Una novela que se deja leer y que hace reflexionar un poco. Mi nota: 6.

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