En Asia se muere bajo las estrellas – José María Gironella

No suelo leer libros de viajes. He de confesar que me aburren. De los viajes lo que me gusta es hacerlos yo y luego contarlos, como bien podéis observar si buceáis un poco en este blog. Pero este libro lo leí por dos razones. En primer lugar porque José María Gironella es un autor que me gusta mucho; en segundo lugar, porque Asia es un continente que me fascina —algo que también se puede ver en este modesto blog—.

Este libro es una personalísima crónica del viaje que Gironella y su mujer realizaron por varios países asiáticos. Y digo lo de personalísima porque en algunos momentos su autor nos deja ver no solamente su punto de vista con respecto a lo que está viendo y sintiendo, sino además sus ideas políticas e incluso religiosas. Creo que estas reflexiones le sobran al libro. Pero, ¡qué le vamos a hacer! Cada uno tiene el derecho a escribir su libro como le de la real gana, ¿no?

Pero vayamos al libro en sí. Lo primero que hay que decir de él es que, aunque esté escrito a finales de los años 60 del siglo pasado, es muy actual. El motivo es que en la mayoría de las ocasiones el autor lo que nos cuenta es lo que ven sus ojos y lo que siente su espíritu. Y Asia, doy fe, es un mundo fascinante, aun hoy en día con este mundo en que vivimos, tan conectado y «on-line». Como ya he dicho, a veces el autor se deja llevar por su visión política del mundo que roza incluso el maniqueísmo. Pero aun así, el libro no deja de ser actual, pues el panorama político en Asia tampoco ha variado mucho en estos años, si exceptuamos el final de la guerra del Vietnam. Los países visitados son Thailandia, Vietnam —lo que ahora sería Vietnam del sur—, Formosa —la China «Nacionalista»—, Filipinas, Hong Kong —en aquellos tiempos era un territorio cedido por la República Popular de China al Reino Unido—, Macao, Camboya y la India, más concretamente, Calcuta. Después de esa ciudad, el viaje se interrumpe bruscamente por una noticia que reciben que hace que tengan que volver a España. El libro nos describe los parajes por donde van pasando Gironella y su mujer y la impresión que estos causan en el autor. A Gironella le llama poderosamente la atención lo mismo que a todos los viajeros occidentales: el pueblo asiático es capaz de ser feliz aun en la más mísera pobreza. Y es que ellos poseen algo que nosotros ni siquiera soñamos con tener. En Asia lo que manda es el espíritu, la parte yin del ser humano. Pocos —actualmente alguno más, sobre todo en la República Popular de China— necesitan tener riquezas o cosas para vivir. Lo que necesitan es tener su espíritu lleno, en paz. Y eso es algo que Gironella intuye en este libro.

Me gustaría llamar un poco la atención sobre la postura del autor en cuanto a la situación política de Asia. Para Gironella, un autor querido por el régimen franquista y, por lo tanto —estamos hablando de final de los años 60 y comienzos de los 70— con un ideal liberal cristiano, muy cercano a las ideas de Eisenhower y Nixon, dos presidentes republicanos de Estados Unidos. Por eso para Gironella la gran causante de tantas guerras —recordemos que la guerra de Corea se acababa de terminar no hacía mucho y que la del Vietnam estaba comenzando— es la ambición china por difundir el comunismo de Mao, esa doctrina totalmente equivocada y con la que, por supuesto, Gironella está en absoluto desacuerdo. No digo yo que con el comunismo estuvieran mejor en Asia, pero lo que sí que está claro es que el imperialismo yanqui tampoco sirvió para mucho. Si no, ahí está Afganistán, las rebeliones de los yemeres rojos, el problema de Hong Kong y un largo etcétera. Ni uno ni otro son la solución y mucho menos hoy con China convertida en un país que sobre el papel es comunista —quizá el 95 % del territorio así lo sea— pero en el que está triunfando el más crudo liberalismo, al menos en Pekín y Shangái.

En resumen, un libro muy interesante en el que, a veces, es mejor pasar un par de párrafos por encima, sobre todos aquellos en los que Gironella intenta adoctrinar al lector con sus teorías cristiano-liberales. Mi nota: 6,5.

José María Gironella

He leído el siguiente volumen: GIRONELLA, José María (1968). En Asia se muere bajo las estrellas. Plaza & Janés, S.A., Editores. Barcelona (1969). Sin ISBN.

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La vida de Estebanillo González – Anónimo

Esta vez mis lecturas me llevaron de vuelta al Barroco español, esa época de la historia del mundo en la que en nuestro imperio no se ponía el sol, aunque este estuviera ya un poco en el ocaso, y en la que la lingua franca era la nuestra. Donde cualquier soldado español que supiera leer llevaba, como el capitán Alatriste en el suyo, en el zurrón El lazarillo de Tormes. Era esa la época en la que las novelas picarescas ya habían triunfado y, como el imperio, comenzaban su declive. Aunque todavía, también como el imperio, tenían que dar algunas frutas jugosas. Una de ellas es esta novela, La vida de Estebanillo González.

Esteban González, hijo de un pintor gallego establecido en Roma, huye de su casa familiar después de que, por un malentendido, pierde un dinero que su amo le había entregado. Como consecuencia de ello terminará siendo una especie de bufón en la corte del príncipe de Saboya y, posteriormente, en la de su hermano Fernando de Austria. Como consecuencia de estas dos servidumbres, nuestro personaje vivirá de cerca la Guerra de los Treinta Años, que será el trasfondo de la novela y de sus muchas correrías.

Parece que Esteban González pudiera haber existido realmente y que él mismo se encargara de escribir su biografía, apicarándola un poco, al calor del auge de las novelas picarescas en toda Europa. La verdad es que, fuera un personaje real o no, esta novela, aunque acude a la factura formal de una novela picaresca no es poseedora de algunas de las características de dicho género. El ejemplo más claro lo tenemos en que su protagonista no mejora en su situación social gracias al deshonor. Todo lo contrario, poco a poco nuestro picaruelo va subiendo poco a poco el escalafón social hasta el punto de llegar a convertirse en una especie de embajador e incluso participar de alguna manera en la firma de la paz.

Otra de las características de esta novela que no poseen el resto de las novelas picarescas es el humor. Mientras que en las otras novelas picarescas que he leído los trances graciosos están provocados generalmente por alguna desgracia que le sobreviene al pícaro, en este caso el humor forma parte íntegra de la novela y en cualquier momento puede aparecer esa chispa que te saca la sonrisa. Es decir, en esta novela uno se ríe con el protagonista, no del protagonista. Este tipo de humor volverá a aparecer unos años más tarde en una novela alemana, quizá heredera suya: El aventurero Simplicissimus de Grimmelshausen.

La verdad es que, a pesar de los muchos años que han pasado desde su primera publicación (1646), el Estebanillo González es una novela que no ha perdido fuerza. Primero, por ese humor que destila a cada página. Después porque sin querer —o quizá haciendo como que no quiere— nos habla de uno de los males que siempre ha rodeado a la Humanidad: la guerra. Pero, sobre todo, porque su personaje es humano, hasta el punto de ser un cobarde e implorar a su amo el no tener que ir al frente, a pesar que eso le puede hacer perder la estima de su señor. Y también creo que muchas novelas posteriores, la de Grimmelshausen es un ejemplo, la han tenido como modelo. Se me están ocurriendo novelas tan dispares a una novela picaresca como puede ser Las aventuras del buen soldado Svejk.

En resumen, una buena novela que merece la pena ser leída y que de vez en cuando te puede sacar la sonrisa o incluso una risa franca. Mi nota: 7

Retrato de Estebanillo González, hombre de buen humor

He leído el siguiente volumen: ANÓNIMO (1646), La vida de Estebanillo González. Espasa Calpe, S.A. Madrid (1968). Sin ISBN.

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Prosas profanas – Rubén Darío

Leer a Rubén Darío siempre es difícil. No es un poeta nada asequible porque en sus poemas se suceden las imágenes y, además, como les ocurre a los poetas barrocos, en muchos casos hay que tener un tratado de mitología griega y romana delante para poder entender lo que dice. Pero, quizá, esas dos cosas sean, a la vez, lo que hace que leerle sea más interesante todavía. Y es que hay que dedicarle mucho tiempo a cada uno de sus poemas para poder llegar a vislumbrar lo que nos ha querido decir.

Creo que no voy a sacar de dudas a nadie si digo que Rubén Darío es una de las figuras clave de la poesía en lengua española del siglo XX. Probablemente sea la figura clave, porque, como la piedra que hace que el arco no se caiga, Rubén Darío y su obra poética es la que sustenta toda la creación posterior de, al menos, la mitad del siglo XX, si no de todo él. Ya sé que antes que él hubo otros poetas modernistas, solo hace falta mirar la entrada que he dedicado recientemente a José Martí. Sin embargo, Rubén Darío culmina esa tendencia estética y la supera, dejando un legado poético que luego sabrán aprovechar en España nuestros modernistas, principalmente Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez y, a través de ellos, nuestra maravillosa Generación del 27. Y en América, figuras como Benedetti, Borges o Neruda creo que le deben mucho a este nicaragüense que nació poeta porque ese es su verdadero idioma, aunque ocasionalmente haya sido el español su lengua materna.

Quizá Prosas profanas sea su mejor poemario. Y en él está contenida la esencia del Modernismo desde el comienzo. Digo esto porque sus «Palabras liminares» son todo una declaración de intenciones y un manifiesto del Modernismo. Tienen mucho jugo esas palabras en las que Rubén Darío trata de decirnos en qué consiste su lírica y su visión de la vida, pues no olvidemos que el Modernismo es, como cualquier tendencia estética, una toma de posición frente a la vida. Además, en esta pequeña introducción de su libro Rubén Darío nos cuenta cuales son sus referencias. Aparte de todos los clásicos españoles, están presentes «El tío Wally» Whitman y, cómo no, Verlaine —al que posteriormente en el libro le dedicará uno de los más hermosos poemas, «Responso», por su muerte—.

Dentro del poemario, del que no cabe despreciar ningún poema, dicho sea de paso, hay varios poemas que me han llegado especialmente. Comenzaría con la célebre «Sonatina» —¡qué le voy a hacer!, a veces me sorprende a mí mismo lo cursi que puedo llegar a ser— que seguro que recordáis cuando os diga que comienza con aquello de «La princesa está triste /¿qué tendrá la princesa?». Para mi gusto es un delicioso poema en el que, la princesa que está triste es la poesía, presa de todos los estereotipos románticos. Al menos es así como yo lo veo… También hay que mencionar, por la novedad métrica, el poema «Para una cubana», soneto escrito en versos de arte menor. Pero el mejor de todos es el famoso «Coloquio de los centauros», un gran poema de corte filosófico en el que se nos da una visión alegórica de la vida. El poema está plagado de bellas imágenes. Sé que hay otros poemas que la crítica reconoce como mejores que los que yo he entresacado, pero para eso están los gustos, ¿no?

En resumen, quizá el mejor libro de poemas que dio a la luz el Modernismo y una declaración de intenciones por parte de Rubén Darío. Pero, ojo, no hay que leerlo con rapidez. Cada poema requiere su tiempo de poso en nuestra mente, como el buen vino en la bodega. Mi nota: 9,5 (Ya sabéis los que me leéis que el 10 absoluto es para mi querido loco manchego y su «manco de Lepanto»).

Rubén Darío

He leído el siguiente volumen: RUBEN DARÍO (1896), Prosas profanas. EDITORA ESPASA-CALPE ARGENTINA, S.A (Colección Austral, número 404). Buenos Aries (1944).

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Aires da miña terra – Manoel Curros Enríquez

Desde que estudié Lengua y Literatura Gallegas, allá por los noventa, mis dos grupos preferidos de esta gran literatura fueron el Rexurdimento y la Xeración Nós, principalmente, el primero. Nacida al calor de los nacionalismos del Romanticismo y mucho más tardía que los románticos, mirando de reojo al gran Heinrich Heine y sus lieder, existe una generación alrededor de los años 60-70 de siglo XIX especialmente interesante. Destacan en ella poetas de la talla de la gran Rosalía de Castro —mi poeta favorita—, Curros Enríquez, Lamas Carvajal o Eduardo Pondal. El nombre de Rexurdimento —«Resurgimiento» en español— les viene porque son los que hacen resurgir la «doce lingua galega» —según palabras de Rosalía de Castro— como lengua culta, que no como lengua hablada, pues esta, como la propia poeta dice, se seguía hablando en cada aldea de Galicia, a pesar de toda prohibición, empezando por la de los Reyes Católicos.

Yo creo que los cuatro grandes del Rexurdimento se pueden dividir, a su vez, en dos. Por un lado están los poetas de la lengua, de Galicia, quizá algo más cultos que los anteriores: Pondal y Rosalía de Castro. Por otro lado están los poetas de las gentes, del obrero, con unas ideas bastante izquierdistas: Lamas Carvajal y nuestro poeta de hoy, Manoel Curros Enríquez.

Aires da miña terra es un poemario denso. En él, Curros Enríquez nos transmite toda la fuerza de su ideario. Un ideario anticlerical y en favor de los humildes, de los pobres, de todos aquellos que están desheredados. Merece la pena leer alguno de sus poemas, como «O gueiteiro» o «Na morte da miña nai». Hay un gran poema, extenso, al comienzo del libro que relata una antigua leyenda gallega, «A Virxe do cristal», en el que se puede ver toda la maestría que tiene Curros Enríquez para relatar en verso.

Pero en los poemas en los que tiene una mayor fuerza es en aquellos en los que nos habla de esos de los que nadie hablaría, de los desheredados, de los pobres. El mejor ejemplo de estos es «A emigración», tema tan de actualidad hoy. A esos emigrantes —no entiendo por qué se les llama «migrantes» ahora, cosificándolos— dedica unos hermosos versos, que muchos de nosotros deberíamos tener en cuenta: «¡Que aquel que deixa seu natal curruncho / e fóra dos seus eidos pon os pés, / cando troca o seguro polo incerto, / motivos ha de ter!». No hace falta mucha más explicación, ¿no os parece?

También tienen una gran fuerza aquellos poemas en los que nos muestra su descreimiento. Porque yo creo que Curros no es anticlerical porque sí, sino porque ha llegado a ese estado después de un paso por su desierto personal. Un paso en el que vio cómo la Iglesia, esa en la que creían sus mayores, no hace más que desnivelar aun más la balanza en favor de quienes lo tienen todo, justo al contrario de lo que debería ser. Por eso en «A igrexa fría» la iglesia es fría. En ese poema se puede ver lo que digo. También es interesante «Diante unha imaxe de Íñigo de Lozoya».

En resumen, un gran poemario que deja ver las inquietudes de uno de los grandes poetas del Rexurdimento gallego. Un librito a tener entre los libros de «fondo de biblioteca». Mi nota: 8,5.

Manoel Curros Enríquez

He leído el siguiente volumen: CURROS ENRÍQUEZ (ed. Manuel Forcadela, 2001), Manuel (1880), Aires da miña terra. Editorial La Voz de Galicia, S. A. (Colección Biblioteca Galega 120, número 4). Santiago de Compostela (2002). ISBN: 84-88254-91-1.

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El otoño del patriarca – Gabriel García Márquez

Lo primero que se me ocurre al pensar sobre esta novela es que es una novela rara. Me explico. Llena de flashback, escrita sin un punto y aparte —bueno, alguno, los justos parar hacer ver que cambia de asunto el narrador—, casi sin puntos. Me recordaba mucho a una novela de Camilo José de Cela que leí hace algunos años: Mazurca para dos muertos. Quizá, la correspondencia sea la contraria, es decir, es posible que Cela fuera quien escribió su novela teniendo a García Márquez como modelo.

En un pequeño país caribeño, un generalote se ha hecho con el poder y se perpetúa en el mismo. Llega un momento en que por temor a atentados no sale de su residencia e incluso duerme con un ojo abierto y sobre el suelo, por si intentan asesinarle. La novela nos cuenta cómo el generalote, el patriarca de la patria, amolda el país a su conveniencia, cambia de gobierno y de mano derecha cuando le parece y un largo etcétera de sinsentidos. Es decir, nos relata, para que podamos verlo, cómo eran —¿debería decir son?— las dictaduras que atenazaron a todos los países de Hispanoamérica desde su independencia. Porque ese es el principal azote de toda América Latina, los patriarcas, de cualquier signo, que entienden que el país es su pequeña hacienda en la que pueden hacer lo que les venga en gana. Y eso es precisamente lo que nos narra García Márquez, la vida de uno de esos generalotes, de un «patriarca» de tres al cuarto, como todos, como Videla o Pinochet, pero también como Kichner o Perón, Castro o Maduro o su antecesor Chávez.

He de decir que la novela me pareció muy pesada de leer. Debe ser que soy lector de los normalitos y que me gusta que las oraciones terminen con su punto, en cada párrafo se desarrolle una idea o un par de ellas como máximo y que las novelas sean algo más que una larga tirada de palabras una detrás de la otra. Debe ser eso. Pero también debe ser que esta es la nueva forma de escribir en español. Al menos la forma que tienen en Hispanoamérica y por la que se les da los Nobel. Pues he de decir que prefiero a un escritor que coloca sus puntos donde deben estar y que, aunque más provinciano, sea mas ordenado en sus pensamientos. Por ejemplo, se me está ocurriendo Miguel Delibes. Pero, como digo, eso debe ser porque soy un lector chapado a la antigua y que estoy acostumbrado a las novelas del siglo XIX. ¡Qué le voy a hacer!.

En resumen, una novela cuyo tema me parece más que interesante, pero cuya redacción —y espero que me sepan perdonar todos los críticos literarios y los miembros de la Academia Nobel— deja bastante que desear. Me gustan las novelas con los puntos donde corresponde. Mi nota: 6.

Gabriel García Márquez (Gabo)

He leído el siguiente volumen: GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel (1977), El otoño del patriarca. Editorial Plaza & Janes (Colección Reno, número 624). Barcelona (1980). ISBN: 84-01-43624-9.

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Ismaelillo. Versos libres. Versos sencillos – José Martí

Lo obvio, lo que todos sabemos de José Martí es que es el héroe por excelencia de la independencia cubana. Lo que no todo el mundo conoce es que él ya preveía que se iba a cambiar una dependencia política por otra y se iba a pasar de ser un territorio poseído por España a estar bajo el poder político del ya por aquel entonces poderoso vecino yanqui. Y Martí no quería eso. Y lo que aun sabe menos gente es que se puede decir que José Martí es el primer poeta con una sensibilidad modernista de la literatura en lengua española.

José Martí dejó muchos escritos en prosa en los que habla sobre política —fue un decidido luchador por la causa de la independencia de las últimas colonias españolas—, lengua española —defendía la unidad del idioma porque preveía la importancia que iba a tener para nuestra comunidad— y sobre poética —fue uno de los primeros escritores en lengua española que habló sobre la crisis de la mentalidad positivista, abogando por un cambio de visión poética, que él mismo inició y que culminaría en el gran Rubén Darío—. Sin embargo, solo dejó tres pequeñas muestras de su producción literaria. Estos tres poemarios son sobre los que voy a hablar.

Ismaelillo es un poemario dedicado a su hijo, que su esposa le arrebató como consecuencia de la separación. Lo primero que merece una explicación de este delicioso librito de poemas es su título. Su hijo no se llamaba Ismael. Pero Ismael es, según los islamitas, de quien descienden ellos por línea directa. Es decir, es el creador de una estirpe, de toda una raza. Justo lo que Martí pretendía para su hijo. En cuanto a la poesía, todo el libro está impregnado de un cariño hacia su hijo y de todos los buenos consejos que cualquier padre le daría a su vástago. Además, en él Martí hace el primer auto de fe de lo que ha de ser la nueva poética que el persigue, que él sueña —y la referencia al sueño no es ningún recurso literario—. Martí vive la poesía en cada momento y para él escribir versos significa entrar en una especie de estado de trance. Por eso, quizá, su poesía sea a veces tan críptica. El poema que abre el libro, «Príncipe enano», es una verdadera delicia y en él está toda la ternura de que está impregnado el libro al que sirve de prólogo.

Por su parte, Versos libres, es un poemario de los más difíciles que he leído. En él, Martí nos intenta transmitir toda su experiencia vital, toda su ansia de libertad —el título, como veremos tiene un doble sentido— y lo que él entiende como verdadera poesía, lo que entiende, en suma, como Arte, con mayúsculas. El poema más conocido y miles de veces comentado es «Académica», poema en que compara la poética con un brioso corcel. Pero a mí personalmente el poema que más me gusta es «Homagno», llanto de alguien que se siente fuera de la sociedad, quizá como el propio Martí se sentía. He dicho que el título de Versos libres tiene doble sentido y así es. Los versos son libres porque no tienen una rima concreta, no se atienen a ningún tipo de encorsetamiento académico. Pero también son libres porque en cada verso se puede leer entre líneas la palabra «libertad», tanto del creador del arte poético, que Martí pide y proclama, como de la propia persona. El poemario es una gran oda a la libertad creadora y a la libertad individual, algo que a José Martí se le negó más de una vez, y no solo políticamente hablando.

Por último está, a mi modo de ver, el poemario más sencillo, pero a la vez más complicado de los tres: Versos sencillos. Este es el José Martí que todo el mundo conoce sin saber que lo conoce. Bueno, es posible que todo el mundo a excepción de los cubanos, claro. Y digo esto porque es un poemario que está lleno de poemas que los cantores cubanos han cantado alguna vez. Incluso hay uno que hasta el propio Julio Iglesias lo ha cantado: el famosísimo Guantanamera. Sí, sí, el «yo soy un hombre sincero / de donde crece la palma» es nada más y nada menos que el primero de todos los poemas de Versos sencillos. Tan sencillos que solo tienen un número romano en su cabecera… El libro está lleno de deliciosos poemillas ligeros como el viento, pero con un montón de mensajes dentro de ellos que hay que ir descubriendo poco a poco y que, creo, cada uno descubrirá los suyos. Así como en Versos libres a veces uno tiene la sensación al leerlos que Martí, cual una parturienta, está sintiendo el dolor de traer sus versos al mundo, en Versos sencillos pareciera que el autor está celebrando la vida. Dos registros diferentes para un gran poeta.

Una de las cosas a resaltar en el libro es la estupenda edición del mismo y la maravillosa introducción a cargo de Mercedes Serna, sin la que, muy probablemente, no hubiera disfrutado del libro de la manera que lo he hecho. Ya se que muchos de vosotros no leéis las introducciones, que «son un rollo». Pero esta merece la pena ser leída. Da una luz distinta a un libro que, como he dicho más arriba, a veces se hace demasiado complicado.

José Martí con su hijo en brazos, a quien dedica su Ismaelillo

He leído el siguiente volumen: MARTÍ, JOSÉ (Edición de Mercedes Serna): Ismaelillo. Versos libres. Versos sencillos. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid (2014). Edición para Kindle. ISBN: 978-84-362-6914-7.

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La gata negra (La ciudad queda lejos) (original: Walk on the Wild Side) – Nelson Algren

La literatura estadounidense de los años cuarenta y cincuenta está llena de novelas en las que el marco social de la depresión de diez años atrás está presente. Y ese ambiente hace que las novelas sean densas e incluso asfixiantes. Y este es uno de los ejemplos más característicos de ello. Escrita en 1956 y no publicada en España hasta que Luis de Caralt se atrevió en 1968, esta es una novela en la que no solo el título tiene un tinte negruzco.

La novela nos relata parte de la vida de Dove Linkhorn, joven hijo de un borracho que se las da de predicador, que decide marcharse de su pueblo natal vestido de harapos, sin zapatos y sin una moneda en sus raídos bolsillos. Su primera escala será la dueña del único bar que hay en el pueblo, una mexicana que no se fía de ningún hombre, pero que tiene ansia de sexo y que descubre en Dove el animal sexual que es. Pero pronto esta relación se romperá y Dove empezará a ser uno de esos vagabundos que circulaban por los trenes de mercancías de los Estados Unidos de los años de la Gran Depresión. Cuando llega a Nueva Orleans terminará siendo una especie de «cazaincautos» para un burdel de quinta en una de las peores calles de toda la ciudad. En ese burdel, se enamora de una de las chicas, que le enseñará a leer. Ese será todo su triunfo y la causa de su final.

He de decir que la lectura de esta novela me resultó especialmente difícil. No es una novela nada fácil, aunque a ratos es muy interesante. Por otro lado, de su lectura no he conseguido sacar el porqué del título en castellano —posteriormente fue publicada como Un paseo por el lado salvaje, respetando su título original—. Sólo aparece una gata negra, arisca con todos menos con Dove, cuya dueña es la prostituta que enseña a Dove a leer. Y tampoco me cuadra el subtítulo… El traductor sabrá. Me parece mucho más adecuado el título que se le puso posteriormente, traducción del original, porque, precisamente la novela es eso, un paseo por el lado salvaje para todos aquellos estadounidenses acomodados que la leyeran. Estoy seguro que muchos de ellos hasta se escandalizarían al hacerlo.

Resumiendo, una de las muchas novelas ambientadas en la Gran Depresión de Estados Unidos y que se puede pasar perfectamente sin leerla. Quizá cuando el autor la escribió tuviera alguna fuerza… No sé. Mi nota: 5.

Nelson Algren

He leído el siguiente volumen: ALGREN, Nelson (Traducción Francisco Elías) (1956), La gata negra (La ciudad queda lejos), Plaza & Janés, S.A. (Colección Reno, núermo 98). Madrid (1968).

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La charca – Manuel Zeno Gandía

Esta es otra de las obras que he tenido que leer como parte de mi curso de literatura hispanoamericana. En este caso, se trata de una novela naturalista del puertorriqueño Manuel Zeno Gandía.

La novela nos narra la vida de un pueblo cafetero en la montaña de Puerto Rico. En ella no falta ninguno de los personajes típicos de la época en la montaña de la isla —finales del siglo XIX, comienzos del XX—: el terrateniente cafetero de raigambre que tiene sus cafetales y su propia tostadora de café, el típico hombre sin escrúpulos que se va quedando poco a poco con los terrenos de los cafeteros pequeños y que construye su propia tostadora en la que cobra unos precios desmesurados a los pequeños propietarios que aun quedan sin venderle las tierras, el dueño del colmado y bar de la aldea, otro hombre sin escrúpulos, y una multitud de personajes a su alrededor.

Yo diría que, al igual que muchas novelas naturalistas, es una novela coral. Sin embargo, de alguna manera, la protagonista es Silvina, una mulata hija de Leandra, producto de uno de sus muchos amancebamientos, casada por conveniencia con Gaspar que mira para otro lado cuando Galante, el terrateniente sin escrúpulos, se la beneficia. Galante es, a la sazón, el hombre con que está amancebada esta vez Leandra. Sin embargo, Silvina está enamorada de Ciro, trabajador en los cafetales. Silvina se verá mezclada en un intento de robo a Andújar, el dueño del colmado, tramado por Gaspar y Deblás, primo de Andújar, que está fugado de la justicia. El resultado será la muerte de Deblás a manos del propio Gaspar y… Bueno, quien quiera saber el resto, que lea la novela.

A pesar de que, como digo, el personaje central se puede considerar que es Silvina, la novela está plagada de tramas paralelas. La primera de ellas es la de Juan del Salto, criollo de raigambre. Otra trama está constituida por Ciro, el enamorado de Silvina, y su hermano Marcelo, poseedor este último del secreto de la riqueza de Galante, que tiene que ver con un asesinato… Esta es razón que me lleva a decir que esta novela es, en realidad, una novela coral en la que pareciera que los personajes son las ranas que habitan en una charca y de la que no se pueden salir. De ahí creo que le viene el título. Está claro que para su autor, Manuel Zenón, el ambiente en que sus personajes viven les lleva a su propio destino sin que puedan salir de él. Más claro es todavía el final de Silvina a la que sus propios genes, en forma de epilepsia, la llevarán a su inesperado final. Estamos, por lo tanto, ante una típica novela naturalista en la que los personajes están atrapados y son víctimas de su propio ambiente. Muy del estilo de las novelas de la Pardo Bazán española, de la que, en muchas ocasiones, la novela que estoy tratando, me recordaba a La madre Naturaleza. El momento en que más me lo recordó fue la discusión entre Juan del Salto y el padre Esteban, muy del estilo de las discusiones que en la novela de Pardo Bazán tienen el cura y el hidalgo anarquista.

En resumen, una buena novela de corte naturalista, pero poco más. Hay que anotar en su debe que los finales de los personajes principales parecen a veces un poco forzados. Y, por otro lado, es indudable la herencia de Pardo Bazán en Manuel Zeno. Mi nota: 6.

Manuel Zeno Gandía

He leído esta novela en un ejemplar de ebook para Kindle.

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El gaucho Martín Fierro. La vuelta de Martín Fierro – José Hernández

Ya había leído hace muchísimo tiempo este maravilloso poema épico, pero me ha tocado leerlo dentro de mi curso de Literatura Hispanoamericana. Y los recuerdos que de él tenía se han vuelto a mi memoria. Y he disfrutado aun más, si cabe, de su lectura.

Martín Fierro es un gaucho que vive tranquilo en su pequeña hacienda con sus hijos y su mujer cuando una orden de reclutamiento hace que se lo lleven somo soldado para luchar contra las tribus indias de la frontera argentina. Aquí comienza la desgracia de Martín, que pasa por que debe luchar en un ejército que tiene absolutamente desatendidos y casi muertos de hambre y frío a sus soldados, además de no darle su correspondiente salario. Cansado de todo ello, Martín desertará aprovechando una escaramuza con los indios. Cuando vuelve a su casa la encuentra desguazada, sin su familia. Sus hijos se han lanzado al mundo en busca de un pan que se les niega y su mujer, después de malvender la hacienda, se ha amancebado con otro hombre, según le cuentan a Fierro. Con ese panorama, Fierro decide escapar de todo ese sinsentido y se adentra en la pampa con la intención de unirse a los indios. Por el camino encontrará a un amigo, Cruz. Y hasta aquí puedo leer, pues lo demás sería destripar el libro.

El Martín Fierro es la obra cumbre de lo que se ha dado en llamar «Literatura gauchesca», una corriente literaria que se dio en la Argentina de mediados del siglo XIX. Esta corriente intenta elevar la figura de los gauchos, en contra de la opinión de la mayoría de los argentinos de la época que los tenían como unos vagos y unos rebeldes. Realmente, los habitantes de la pampa habían sido uno de los grupos que contribuyeron a la independencia de la Argentina y a la formación de la identidad argentina. Pero esa labor no fue nunca reconocida, hasta ese momento. Y José Hernández consiguió trenzar un poema que, exaltando una figura muy argentina, como es el guacho de la pampa, construyó una figura universal en la que la Argentina —por supuesto— y toda Hispanoamérica se pueden ver reflejadas.

El poema es un tanto difícil de leer para alguien que no sea argentino, pues, al imitar la forma de hablar de los gauchos, utiliza muchas palabras que son de ese dialecto del español y, por lo tanto, desconocidas para los hablantes de otras zonas. Pero, la verdad es que cuando uno se mete en el poema, con la voz de Martín Fierro susurrándole al oído sus cuitas, se le olvida cualquier otra cosa. Simplemente, se pone a escuchar lo que ese pobre gaucho desgarrado por el dolor le tiene que contar. Porque ese es otro de los grandes logros de José Hernández en su Martín Fierro. Uno siempre tiene la sensación de que lo que está haciendo es escuchar el canto de Martín, no de que está leyendo un poema escrito por alguien. Esa magia que solo han sido capaces de alcanzar pocos bardos en nuestra lengua, José Hernández la logra. Pero lo que hace universal este poema es la gran sabiduría que Fierro tiene. Martín es una persona inculta, mejor dicho, casi iletrada, pero que sabe muchísimo de la vida y eso que sabe lo cuenta, para que sirva de experiencia al resto. Podría llorarlo, pero en realidad, como siempre ha hecho, aprieta los dientes y suelta su canto que no es más que un grito de libertad y desafío.

En resumen, uno de los mejores poemas épicos que ha dado nuestra hermosa lengua y que no debe faltar en ese «fondo de biblioteca» que todo buen lector debe tener. Muy recomendable su lectura, pues se aprende mucho de Martín. Mi nota: 9,99. (No le pongo el 10, porque ese lo reservaré siempre para mi querídisimo Don Quijote).

José Hernández

He leído este libro en una edición para Kindle.

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Cumandá o un drama entre salvajes – Juan León Mera

¿Quién no ha tenido en sus manos alguna vez Ivanhoe o Ben-Hur del gran Walter Scott? Estas dos novelas son, por decirlo de alguna manera, los buques insignia de la novela histórica romántica. En España tuvo escasa incidencia y, como mucho, tenemos al escritor leonés Enrique Gil y Carrasco y su El señor de Bembibre y a Mariano José de Larra y su El doncel de don Enrique «el doliente», aparte, eso sí de muchas de las Leyendas becquerianas. Pero en América, esta corriente de novelas históricas que se dio durante el Renacimiento, dio lugar a un tipo de novelas históricas en las que el interés se centra en el indio, como El último mohicano de Fenimore Cooper, o incluso en los problemas de los esclavos negros, como La cabaña del Tío Tom de Harriet Beecher Stowe. En la literatura hispanoamericana, ese tipo de novelas se vuelve sobre el pasado colonial o sobre un pasado más reciente, teniendo como telón de fondo los usos y costumbres de los aborígenes del continente. Sin embargo, en Hispanoamérica se tardará un poco en tener novelas que reivindiquen el pasado indígena del continente. En este caso, los indios no son más que una forma más de llevar el exotismo a la novela y de aprovechar el exuberante paisaje americano, algo que atraía sobremanera a los escritores románticos hispanoamericanos. La novela de la que trato ahora pertenece a esta clase de relatos.

En la parte amazónica de Ecuador existe una reducción, Andoas, de la que fray José Domingo Orozco es el encargado. Allí vive con su joven hijo, único familiar que se libró de una matanza provocada por los indios que trabajaban para él en su hacienda en uno de los muchos levantamientos de finales del siglo XVIII. Su hijo se ve con la joven india Cumandá a escondidas de sus padres, pues ambos están enamorados. El motivo de verse a escondidas es que el padre de Cumandá odia a muerte a los blancos y si se enterara que Cumandá esta viendo a uno de ellos sería capaz de matarlo. En la fiesta de las canoas en el lago Chimano, a la que Cumandá tiene que asistir, pues es una de las vírgenes que van a hacer las ofrendas al gran curaca Yahuarmaqui, se desvela todo el secreto y el padre de Cumandá decide que se case con Yahuarmaqui. Y hasta aquí puedo leer, que si no luego me acusan de destripar el final…

La novela sigue los esquemas típicos del Romanticismo, inserta en un paisaje exuberante y exótico del que forma parte el pueblo jíbaro. En contra de lo que uno podría esperar, al autor no le interesa tanto describir los problemas con los que se enfrentan los indios, sino tenerlos como ese decorado en el que hacer que sus personajes principales actúen. Además, Juan León Mera nos hace llegar una visión muy particular de los indios. Para él, todo aquel indio que está evangelizado es un indio civilizado y, por lo tanto bueno. Sin embargo, todos aquellos que están por evangelizar son salvajes y, de alguna forma, malvados. Esto se ve muy bien en que una tribu jíbara enemiga de Yahuarmaqui aprovecha la resaca de la fiesta de las canoas para echarse encima de la tribu de Yahuarmaqui e intentar someterlos. Otro aspecto en el que se puede apreciar la visión maniquea de los indios por parte de Mena es en la inquina que el padre de Cumandá le tiene a Carlos Orozco y las celadas que le tienden sus hijos y hermanos de Cumandá para matarle. Sin embargo, los indios de la reducción de Andoas son pacíficos y siempre dialogantes…

Un aspecto interesante de la narración es el papel de persona fuerte que tiene Cumandá, que contrasta muchísimo con la pusilanimidad de Carlos, su enamorado. Cumandá está incluso dispuesta a ser sacrificada antes que Carlos por el amor que le profesa, cosa que no ocurre al otro lado de la pareja. Quien decide qué se va a hacer en todo momento dentro de la pareja, cuando huir, hacia dónde, etc. es precisamente Cumandá. Carlos tiene un papel secundario, casi sumiso se podría decir, dentro de la pareja.

En resumen, una interesante novela que sigue el gusto romántico de novela histórica a la vez que consigue el exotismo buscado por muchos románticos incluyendo la novela en un ambiente de indios y blancos, pero que no tiene mayor interés en mostrar los problemas de los indios. Mi nota: 7

Juan León Mera

He leído el siguiente volumen: MERA, JUAN LEÓN (1879), Cumandá o un drama entre salvajes (Edición para Kindle). Editoral Minimal (2015). ISBN: 9788416375677.

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