Moll Flanders – Daniel Defoe

Desde mi primera época de estudiante de filología, cuando estudié Historia de la Literatura Inglesa, tenía ganas de echarle los ojos a esta novela. Desgraciadamente, aunque soy un lector compulsivo que se lee hasta los prospectos de los medicamentos, hasta hace bien poco no he podido hincarle el diente.

Y lo de hincarle el diente va mucho más allá de ser una simple metáfora. Porque esta gallina en forma de novela nos ha salido un poco durilla. Moll Flanders es un intento de traspasar la novela picaresca típica española a la novela inglesa. Pero, de igual forma que Lesage consigue una novela más que aceptable con su Aventuras de Gil Blas de Santillana  o el alemán Grimmelshausen lo hace con su Aventurero Simplicissimus, en este caso Defoe fracasa rotundamente. Está claro que el puritanismo inglés reinante en la época no hace más que estropear el relato de una vida disipada como podía ser la que Moll Flanders nos relata en su novela. Defoe, al igual que el anónimo autor de La pícara Justina, toma en sus manos la vida de una mujer e intenta hacer con ella una novela picaresca a la altura del Lazarillo. Pero, al contrario que nuestra querida pícara, Moll es algo remilgada, cursi y, por si fuera poco, algunos de los lances son algo menos que increíbles. Por ejemplo, que Moll se case sin saberlo con su hermano y que se entere posteriormente en la plantación de este en Virginia. Vamos, que el señor Defoe se carga la verosimilitud exigible a todo acto literario de un solo plumazo con esto… Y no digamos lo pesado que se pone cuando le da por divagar sobre la moralidad. Las digresiones que sobre este tema se dan en toda la novela rozan la calificación de somnolientas, por no decir insoportables. Pero claro, Defoe las debe incluir. Se lo debe a la sociedad puritana en la que vive. En fin, que la novela está más cerca de las cursilerías de Jane Austen que de nuestras novelas picarescas.

Además, por si fuera poco, el trabajo realizado por el traductor deja mucho que desear.  La puntuación en muchos casos es tan mala que hace ilegible el texto, quizá contagiada por las reglas de puntuación del inglés. Eso suele ocurrir cuando uno está pendiente de traducir al pie de la letra, olvidándose de que traducir es todo un arte en el que se debe hacer todo lo posible por respetar el original y la lengua a la que se está vertiendo el texto. Como Defoe con la novela, el traductor también fracasa en su intento.

En resumen, que es mejor ahorrarse la lectura de esta novela y, si se quiere leer una buena novela picaresca, no salir de la producción española, que para eso fuimos los que la inventamos. Mi nota: 3,5.

daniel-defoe

He leído el siguiente volumen: DEFOE, DANIEL (1722), Moll Flanders (Trad. Carlos Pujol, 1981). Editorial Planeta, S.A. (Barcelona, 2008). ISBN: 978-84-07825-8.

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