Ana Karenina – Leon Tolstoi

La característica más destacable de Ana Karenina es que, en contra de lo que uno pueda pensar por el título, la protagonista no es una mujer casada que a causa del amor que profesa a otro hombre se pierde. No. El verdadero protagonista de esta novela es el concepto que en la Rusia zarista se tenía de la familia. ¿Por qué digo esto? Pues porque la novela está perfectamente dividida en dos tramas diferenciadas que se van dando paso una a otra a lo largo de toda la novela.

Por un lado, tenemos la trama en la que se refleja el triangulo amoroso Ana Karenina – Alexander Vronski – Alexander Karenin, que da nombre a la novela. En él se puede ver todo lo que no debe ser una familia rusa. Alexander Karenin es un hombre pendiente sólo de su prestigio, frío y calculador y que se deja enredar por una condesa abosolutamente hipócrita. Ana Karenina se verá obligada a abandonar a su hijo Sergio para poder vivir un amor que, a la postre, se vuelve tan obsesivo que la impulsa al suicidio, dejando a Vronski en la mayor desolación…

Del otro lado tenemos la trama Konstanin Levin – Katerina Scherbazke. En ella se ve lo que debe ser una buena familia rusa, dedicada a la procreación y a la construcción de Rusia. Una familia en la que el hombre es el responsable de todo y la mujer sólo tiene el deber de traer hijos al mundo y criarlos. También vemos en esta relación el lado casto del amor, el que marca la Iglesia que es el correcto, por contraposición a lo que se ve en el anterior, que es el amor prohibido. Por eso, esta relación termina felizmente en la novela, justo con el nacimiento del primer hijo de la pareja.

En la novela se ven también retratos de lo que era la Rusia zarista de aquellos tiempos, comenzando por un gobierno enquilosado e incapaz de moverse por la gran carga de funcionarios. Además, también podemos ver los primeros síntomas de lo que luego será la Revolución Rusa, puesto que hay personajes de la novela con ideas que luego serán del partido “rojo” (volcheviques) y también los hay del partido “blanco” (mencheviques). Todo ello aderezado con una innumera colección de personajes que nos hacen un perfecto retrato de la Rusia Imperial.

En resumen, una buena novela que no debe dejar de leerse. Mi nota: 8.

Leon Tolstoi

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