Retahílas – Carmen Martín Gaite

La situación que nos propone Carmen Martíon Gaite en esta novela es sencilla. La abuela de Eulalia está moribunda y ella la ha llevado a la casa de la aldea gallega en la que nació, junto con Juana, típica figura gallega de la “mantenida” (personaje que se adopta en la familia por la muerte de todos sus familiares y que, aunque es tratado como uno más de la familia, en realidad no deja de ser un criado un poco mejor considerado que el resto). Eulalia ha mandado un telegrama a su hermano Germán, contándole lo que ocurre. El telegrama lo recoge el hijo mayor de éste, igualmente llamado Germán, que se va para allá a acompañar a su tía.

De esta forma, tía y sobrino se encuentran solos en el salón de la casona (Juana está velando a la enferma) y por medio de soliloquios en los que se van pasando el turno uno a otro, hacen el repaso de la vida de la familia. De ahí el nombre de la novela, porque lo que en realidad se lee son retahílas, que muchas veces no tienen una hilazón muy trabada.

Carmen Martín Gaite recurre a un ambiente que Miguel Delibes había usado ya ocho años antes que ella en Cinco horas con Mario. Con la excusa de un funeral un personaje (Delibes) o dos (Martín Gaite) hacen el repaso de la vida de una familia, y junto con esto, el paso a través de la historia de una España reciente, que en 40 años ha cambiado mucho. Esto se ve en la novela que ahora estamos tratando, pues pasamos de la Galicia en la que los habitantes de la casona son los amos y señores de un lugar, con atribuciones casi feudales, a la misma casona medio derruida ya 40 años después y a la que nadie mira.

También somos testigos del paso a la madurez de los dos personajes que se autonarran sus vidas. Vemos como van pasando de ser dependientes a ser un adulto con sus propias fobias y filias. Igualmente, aparece antes nuestros ojos una transformación un poco “extraña” aunque Eulalia es la mujer y Germán el hombre, a lo largo de la novela van cambiándose los papeles hasta convertirse Eulalia en ese personaje que da seguridad y protección (típico papel masculino) y Germán en el personaje necesitado de esa ternura y amor materno que nunca tuvo (en un sentimiento un tanto femenino de desamor).

En fin, una novela interesante que, bajo mi punto de vista tiene el pecado de usar un recurso anteriormente usado (y magistralmete me atrevería a decir) por otro autor. Mi nota: 7.

Carmen Martín Gaite

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