Moby Dick – Herman Melville

Cada vez tengo más claro que, al menos en lo que se refiere a literatura, mis gustos se salen un poco de la norma habitual. Lo que a la mayoría de la gente le gusta, incluido en ese grupo de gente alguno de mis escritores preferidos, como Arturo Pérez Reverte, a mí no me termina de llenar. Ya me ha pasado con varios libros y este no podría ser de otra forma. Quizá es porque lo comencé a leer como si se tratara del paradigma de la novela de aventuras, esperando encontrar en ella algo maravilloso y, la verdad, eso no lo he encontrado.

Esta es la típica novela de aventuras de las que se escribieron a cientos en el siglo XIX. Pero, para mi gusto, no le llega, ni de lejos, a la altura del zapato a las novelas de Julio Verne o Emilio Salgari. Bien es verdad que en esta novela no sólo se trata de relatar una aventura, como en las de los dos autores mencionados, si no que, además, se nos hace un compendio de la vida a bordo de un buque ballenero de la época (no olvidemos que la aventura transcurre en el siglo XIX y no en el XXI como estamos ahora). Pero este es el único punto de interés que tiene. Ya sé que en las películas (sobre todo en aquella famosa de John Ford, con Gregory Peck como Ahab), se destaca mucho el papel del Capitán Ahab y de Queequeg, el arponero amigo de Ismael, que es quien toma el papel de narrador. Pero es que en la novela real, todos estos papeles están desdibujados en beneficio de una acción algo más coral. Se podría decir, al menos según mi punto de vista, que el verdadero protagonista de la novela es el Pequod, el barco en el que van todos los personajes de la novela. Y es que ni siquiera la Gran Ballena Blanca, el monstruoso Moby Dick (que, por cierto, es un cachalote, no una ballena) es protagonista de la misma, ya que realmente, sólo aparece en los tres últimos capítulos.

En resumen, una novela que me ha defraudado enormemente, sobre todo después de pensar que uno de los mejores y más logrados personajes de Arturo Pérez-Reverte, Corso, de El Club Dumas, lleva siempre un ejemplar en el bolsillo y que, por lo menos era lo que yo me imaginaba, tendría que ser una gran novela. Sólo da para un aprobado raspado. Mi nota: 4,5.

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