Madame Bovary (Gustave Flaubert)

  Nos hayamos esta vez ante una de las obras cumbre de la Literatura mundial y, por supuesto, de la Literatura Francesa. Y no es para menos, ya que, aunque uno no esté de acuerdo con los planteamientos de la novela, no tiene por menos que admirarse ante la construcción de la misma, la trabazón de todo el aparato novelístico en función de relatar la caída de una mujer a las cotas más bajas de la lujuria. Y Gustave Flaubert parece deleitarse con cada uno de los párrafos, las descripciones, sus personajes, en fin, todo lo que diferencia a una gran novela de una novela normal.
  Ya he dicho qe discrepo del planteamiento de la novela. Muchos han pretendido ver en Emma Bovary un arquetipo de la libertad femenina en pleno siglo XIX. Yo creo que, quizá llevado por mi desconocimiento de la época (sobre todo en Francia) y no pretendiendo parecer machista, la novela en realidad no nos habla más que de la azarosa vida de una mujer caprichosa, que no sabe cuál es su lugar en el mundo (igual que su marido tampoco lo sabe a ciencia cierta) y que siempre anda en pos de un "amor platónico" que ni ella misma sabe qué es. Lo ha leído en las novelas de su niñez, sobre todo en Walter Scott (que sale varias veces en la novela) y, cual Quijote amoroso, anda buscándolo, sin saber que lo tiene al lado, en su esposo. Esa es su desgracia, no ver más allá de su propio deseo, de su propio anhelo, y eso es lo que la lleva a arruinarse, arruinando su vida y, por ende, la de todos los que están a su alrededor. Ni siquiera sabe ponerse por encima de los convencionalismos sociales, como bien hizo su predecesora en la lujuria la Marquesa de Merteuil (Les liaisons dangereuxLas amistades peligrosas), y eso es lo que la lleva al suicidio, rematado posteriormente por una "romántica" muerte de pena de su marido, que deja a su hija Berthe completamente desvalida.
  En resumen, una novela que debe ser leída, pero que debe ser leída con cuidado. No nos habla de libertad, sino de capricho, de anhelo. Para libertad, ya nos daría unos cuantos años más tarde nuestro García Lorca a su Mariana Pineda… Mi nota: 9.
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