El doncel de Don Enrique “El Doliente” (Mariano José de Larra)

  En esta ocasión se trata de una novela de Mariano José de Larra la que centra nuestra atención. La acción transcurre a finales del siglo XIV que, junto con los comienzos del siglo XV, fueron una época muy revuelta para la Península Ibérica, y sobre todo para el mayor reino existente en ella: Castilla. Reina Enrique III el Doliente o también conocido como el de las Mercedes, por las muchas mercedes que concedió a sus nobles con la esperanza de que le dejaran mantener el trono. Uno de dichos nobles es D. Enrique de Villena, Conde de Cangas y Tineo, también conocido como de Aragón (la dinastía Trastámara reinante en Castilla durante esa época está entroncada familiarmente con la de Aragón).
  Dicho conde aspira a ser comendador de la Orden de Calatrava, pero para ello debe divorciarse de su esposa, Doña Beatriz de Albornoz. Como esta se niega a hacerlo, el duque junto con el físico (médico) del rey urden una trampa para llevársela presa de por vida… Pero dicha trampa es intuida por la camarera de doña Beatriz, Elvira, a la vez casada con el escudero del conde. Elvira, aprovechando una audiencia del rey denuncia el hecho y pide protección a Macías, a la sazón doncel del rey, del que está prendada, de la misma forma que él de ella. A partir de aquí, Larra urde una trama de celos del marido de Elvira y deestratagemas de D. Enrique para evitar el juicio de Dios entre Macías y el esposo de Elvira, que surge como adalid de D. Enrique.
  Larra nos narra un relato muy en la moda de su época, el Romanticismo, en el que se vuelve los ojos hacia la Edad Media como filón de donde obtener tramas tanto para las novelas como para las obras de teatros. Baste recordar, entre otras novelas como El Señor de Bembibre de Gil y Carrasco o algunas de las Leyendas de Becquer (La corza blanca), así como las obras teatrales Los amantes de Teruel de Hartzenbusch o el propio Macías de Larra. La diferencia está en que, mientras que Larra es un estupendo narrador de relatos cortos (no hay que olvidar sus jugosos Artículos de costumbres), en una novela más larga y más tramada, Larra, si no llega a fracasar, sí que deja mucho que desear. A veces, el hilo argumental se pierde en eternas digresiones que el lector no puede descubrir a cuento de qué vienen, otras, el propio lector se aburre soberanamente volviendo a leer lo que ya leyó en otro momento, sólo que desde el punto de vista de otro personaje… En resumen, una novela, para mi gusto, que no debería tener la enorme fama que tiene.
  Mi nota, un aprobado raspado, y eso por se obra de Larra, que ya sólo por eso merece nuestro más hondo respeto: 5.
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