El proceso (Franz Kafka)

  Kafka ya nos tiene acostumbrados a los relatos en los que el misterio de lo, digamos, absurdo, está presente a todo lo largo de lo mismo. Nada más hay que releerse La Metamorfosis para darse cuenta de ello.
  Pues en El proceso, el mecanismo es el mismo. Algo inverosímil, se transforma en totalmente factible a los ojos del lector que observa expectante todo lo que le ocurre al protagonista. En esta novela, Josef K., nuevo Gregorio Samsa, se despierta una mañana con la desagradable sorpresa de verse arrestado en su propia cama. (Me parece curioso que en las dos novelas, los protagonistas vean el cambio de su situación al despertarse). A partir de ahí, somos testigos de un proceso que, a la luz de cualquier justicia normal, no es más que un absurdo en el que el procesado ni siquiera sabe de qué se le acusa. Es como si una presencia desconocida quisiera que Josef K. sufriera la más grande de las ignominias, que, por cierto, le lleva a ser ejecutado, sin saber porqué, "como un perro", como su propio verdugo reconoce que son las órdenes.
  Una novela al menos tan rara y subrealista como La metamorfosis y que hace reflexionar sobre cómo sería el estado mental por el que atravesaba Kafka a la hora de redactarla.
  Mi nota para ella: un notable, 7.
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