Las buenas intenciones (Max Aub)

 No había leído nunca nada de este autor. Entono el mea culpa por ello, pero es que es un poco difícil encontrar bibliografía suya. Porque, parece ser, que es una de esos escritores malditos (en los libros de texto de literatura se les suele llamar epígonos) y que escribieron contemporáneamente con otros autores de más prestigio. En este caso, sus coetáneos serían Cela, Delibes y todo el elenco de escritores realistas. Además, y para colmo de males, Aub tiene el pecado de ser de origen francés (sus padres eran franceses, exilados en España en la I Guerra Mundial), aunque toda su producción literaria sea en español. Quizá debería haber hecho lo mismo que otra escritora "extranjera en tierra propia" (me refiero, claro, a Cecilia Böhl de Faber, más conocida como Fernán Caballero) y cambiarse el nombre por otro más castizo.
 En cuanto a la novela, no deja de ser producto de su época, es decir, del realismo. Una historia en la que un hijo, por amor a su madre, desvía toda la trayectoria que podría tener en la vida y la vida le recompensa con la tristeza y la añoranza del amor verdadero. Agustín Alfaro se entera de que su padre ha tenido un hijo con una planchadora, Remedios, y, para no disgustar a su madre, urde el plan, ya comenzado por su padre al dar su nombre el día que conoció a Remedios, de "casarse" con Remedios, aunque sea de puertas afuera. Para colmo de males, Remedios y Agustín se enamoran realmente, aunque ninguno de los dos se atreve a reconocérselo al otro. Esto les lleva a la separación. Agustín se casará con la primera que se cruza en su camino y Remedios terminará convirtiéndose en cortesana de lujo.
 La novela abarca desde comienzo de los años 20 hasta el final de la Guerra Civil y en ella, como no podía ser de otra forma en un novela realista, desfila gran número de personajes que nos hacen ver la España de la época, en la que burgueses, como Alfaro, anarquistas como Chuliá o el Padre Roberto, gentes de dudosa procedencia, como el librero Lucas, e, incluso sacerdotes, como Don Cándido, se entrecruzan, formando la explosiva mezcla que deparó en la Guerra Civil. Y, como siempre, los españoles, terminan no mirando las creencias de los demás, si no guiándose por el corazón. Un ejemplo, será el librero de viejo, Lucas, que da cobijo a Don Cándido durante toda la Guerra Civil.
 Una novela que merece la pena leerse, en serio. Mi nota para ella: 6.
 
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